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Obra del mes de Febrero 2024. El Devoto Peregrino en Tierra Santa, 1666

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Antonio del Castillo. El Devoto Peregrino en Tierra Santa. París, 1666. 

CONTEXTO 

 

Los viajes de peregrinación a Tierra Santa —Itinera ad Loca Sancta— constituyeron un género popular en la literatura española de los siglos XVI y XVII en un momento en que la atención se concentraba en Occidente, el Nuevo Mundo. 

 

El objetivo de estas obras difiere del resto de libros de viajes, estos itinerarios se encontraban guiados por los hechos de la vida de Jesús y los apóstoles, Jerusalén constituía la reliquia máxima para el cristiano. Así, El Devoto Peregrino en Tierra Santa entra dentro de estas grandes compilaciones viajeras llevadas a cabo por las órdenes monásticas sobre sus peregrinajes, y puede ser considerada una de las más relevantes de toda la historia de la imprenta española, por su impacto y legado.  

 

La obra fue escrita por Antonio del Castillo, fraile franciscano nacido en Málaga y adscrito a la escisión del franciscanismo descalzo ortodoxo en el año 1623. En pleno aumento de la afluencia de peregrinos devotos, especialmente a partir del año 1517 y la configuración de la Provincia de la Custodia de Tierra Santa, a Jerusalén, Antonio del Castillo llevó a cabo su peregrinaje con fines confesionales y didácticos. A su vuelta a España, con el objetivo de sufragar los gastos de la Custodia a través de la limosna mendicante, escribió y publicó El Devoto Peregrino en Tierra Santa. Esta obra llegó a alcanzar enorme difusión, tal y como demuestran sus numerosas ediciones posteriores, como la conservada en la Biblioteca del Convento de San Francisco, perteneciente a Don Pasqual de Aragón y editada en París en el año 1666.  
 

El Devoto Peregrino en Tierra Santa consta de tres partes, la primera con la descripción de Jerusalén, la segunda con la de Palestina, y la tercera con la zona de Galilea y la ciudad de Damasco. Además de las minuciosas narraciones descriptivas de los lugares recorridos, también cuenta con la exposición de información complementaria, tal como ocurrencias anecdóticas, consejos o la puesta por escrito de las tradiciones y costumbres de los pueblos que habitan Tierra Santa.
 

Grabado explicativo y panorámico de la ciudad de Jerusalén encontrado entre las páginas del libro.

 

PATRIMONIO ARTÍSTICO DE LA OBRA 
 

A través de sus páginas se nos presentan diferentes enclaves de Jerusalén cuyo análisis es de gran importancia para la Historia del Arte, acompañando grabados de enorme calidad artística y cartográfica con exhaustivas descripciones que ponen en valor el patrimonio arquitectónico. La información se complementa con planos urbanísticos, ilustraciones o mapas.  
 

Tanto los grabados intercalados en el texto como los de las hojas plegadas son grabados calcográficos. Su procedencia se atribuye a obras anteriores, como Il devotissimo viaggio di Gerusalemme de Jean Zuallart o el Itinerarium Hierosolymitanum et Syriacum de Jan van Cotwyk. Las planchas habrían sido adquiridas en Amberes. Conocemos el nombre de uno de los grabadores gracias al intercambio de cartas con la imprenta; Philip Fruytiers, quien se encontraba trabajando en cinco láminas con el objetivo de perfeccionarlas. Resulta evidente el esfuerzo contenido en las diversas ediciones realizadas, Antonio del Castillo priorizaba la imagen ante la palabra. Como ejemplo seleccionamos el plan urbanístico de Jerusalén y el Santo Cenáculo.  
 

Esta edición de París cambia materialmente respecto a la española, en aspectos como el frontispicio, estampas nuevas, una letra renovada o un papel de mayor calidad. La autoría de estas estampas es desconocida, el único nombre que se llega a conocer es el del grabador Philip Fruytiers, aunque todas se rigen por la condición impuesta de Antonio del Castillo de que en cada estampa debe encontrarse al menos un fraile franciscano.[1]

 

Encontramos el plan urbanístico de Jerusalén, una ciudad amurallada e irregular, donde destacan dos vías principales que parten de la puerta de Damasco, una de las cuales comunica directamente con el mercado, esta se conocería como Vía Dolorosa y sería la calle principal. El autor resalta más de un centenar de ubicaciones que serán de interés para el peregrino tanto intramuros como extramuros, destacando el Templo de Salomón.
  

Podemos apreciar como el autor dota de referencias anecdóticas relacionadas con pasajes veterotestamentarios, como es el ejemplo que encontramos en la zona inferior izquierda del grabado, donde se puede apreciar la muerte de Judas Iscariote.

Fragmento del grabado del plan urbanístico de Jerusalén 
 

Para que sea más sencillo poder entender ciertos lugares señalados por el autor los acompaña de la representación de los hechos, como es el caso de la lapidación de San Esteban, protomártir del cristianismo.  
 

Fragmento del grabado del plan urbanístico de Jerusalén 

 

Además, de una fiel representación de la ciudad de Jerusalén encontramos en el primer capítulo del Libro III cinco grabados de menor tamaño, donde se representan distintas ciudades por donde el peregrino pasaría a lo largo de su viaje. Encontramos la ciudad portuaria de Jaffa, Roma, Galilea, Anatoth y el Valle de Ela. Estos son relevantes y los pone en relación con pasajes de la Biblia, Jaffa es denominada Joppen conocida por ser el puerto más cercano a Jerusalén y donde el embarcaría Jonás, Galilea la denomina como la ciudad de El Buen Ladrón, Anatoth estaría en relación con el lugar de nacimiento de San Jeremías, por último, tenemos el Valle de Ela que en la Biblia se denomina Valle de Terebinto y es donde acontecería la victoria de David sobre Goliath. 

Grabado de la ciudad de Jaffa 
 

Además, podemos encontrar planimetrías de distintos edificios, uno de ellos es el Santo Cenáculo. Lugar donde se celebró la Última Cena, está situado en los alrededores de la abadía de Hagia Sión, en el monte Sión, construída en la segunda mitad del siglo IV.  Fue incendiada por los persas en el siglo VII y restaurada. Vuelva a ser dañada por los árabes y será en el siglo XII, cuando los cruzados llegan a Tierra Santa, cuando vuelve a ser reconstruída. Ahora llamada Santa María del Monte Sión.  
 

El Cenáculo está ubicado en la nave sur de la iglesia y cuenta con dos pisos, cada uno dividido en dos capillas: institución de la Eucarística y venida del Espíritu Santo en el superior; y lavatorio de los pies y apariciones de Jesús resucitado en el inferior.  Reconstruído a finales del siglo XII en un gótico temprano. Se trataba de una sala de forma rectangular austera, dividida en seis tramos cubiertos por bóvedas de crucería. Estas están sustentadas por columnas decoradas con capiteles corintios del siglo XII. La parte oriental está dedicada al altar y al coro.  
 

Los frailes franciscanos obtienen su custodia a partir de 1335 y fundan un convento y un albergue de peregrinos. En 1570, serán expulsados y el Cenáculo se convertirá en Mezquita. Según Fray Antonio del Castillo, a los franciscanos se les cede en este momento el convento de San Salvador que será el lugar donde se otorguen las indulgencias de los Sumos Pontífices. En el Cenáculo se conservan elementos del pasado árabe como ventanas otomanas con vidrieras de colores azules y amarillos con inscripciones árabes.  

 

Grabado de la planta del Cenáculo de Jerusalén 

 

BIBLIOGRAFÍA 
 

BOUZA, F. (2018) Vuelve los ojos a la Tierra Santa: estrategias visuales y lectoras en torno a las ediciones de El devoto peregrino de fray Antonio del Castillo (1654–1666). Revista Hispánica moderna, vol. 71 (2), pp. 113-129. 
 

BOUZA, F. (2018) Vuelve los ojos a la Tierra Santa: estrategias visuales y lectoras en torno a las ediciones de El devoto peregrino de fray Antonio del Castillo (1654-1666). Revista Hispánica Moderna, n. 71, 2, Universidad Complutense de Madrid, pp. 113-129. 
 

DE LA CRUZ, V. L. (2019) Los viajes a Tierra Santa en los Siglos de Oro: entidad y fortuna de un género olvidado. Revista de Filología Española, pp. 89-112. 
 

EIJÁN, P.S. (1941) El cenáculo de Jerusalén: Primer santuario eucarístico en poder de infieles. El Eco Franciscano. 
 

RIVAS REGAL, A. et al. (2019) Siguiendo la huella franciscana en Tierra Santa. El Liceo Franciscano, n. 212 (Enero-Junio 2019), pp. 149-170.  


[1] BOUZA, F. (2018) Vuelve los ojos a la Tierra Santa: estrategias visuales y lectoras en torno a las ediciones de El devoto peregrino de fray Antonio del Castillo (1654–1666). Revista Hispánica moderna, vol. 71 (2), pp. 121-124.

  

 

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